Eres como esa canción que tanto me gusta, la que no puedo dejar de escuchar. Eres el olor de mi perfume preferido, ese que siempre se queda pegado a mi ropa o a mi fular. Eres ese soplo de aire frío, ese que siempre agradeces. Eres como el tacto de la ropa nueva. Mejor que el dolor que el dolor que sientes en la cara por no parar de reirte, mejor que levantarse tarde un domingo, mejor que el olor de un libro nuevo. Mejor que andar descalzo, mejor que el lado frío de la cama en verano y esas dos mantas en invierno. Eres como esa primera sonrisa después de una lágrima. Como el sonido de la lluvia al caer por la noche, mientras tu intentas dormir. Como el grito de libertad que siempre te has callado pero que por fin hoy has conseguido decir. Mejor que ese cosquilleo, esa sensación que te hace cerrar los ojos, mejor que un beso robado, mejor que el silencio cuando sobran las palabras. Eres ese cabo que siempre está suelto, ese impulso imposible de frenar, esa pregunta que no tiene respuesta, todo aquello a lo que no encuentras sentido ni necesidad de buscárselo.





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