Te quiero a las diez de la mañana, a las once y a las doce del medio día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces en las tardes de lluvia y otras en las tardes soleadas. Pero a las once o a las doce de la noche, cuando me pongo a pensar en nosotros dos me entran unas dudas increibles, el pasado o el miedo al vez. Me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que me guardo.

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