Tengo muy claro si marcharme para siempre es lo correcto, pero estoy segura de que seguir aquí sería uno de los errores más grandes que podría seguir cometiendo. Puedes pedir un deseo si quieres; me iré igual de rápida que una estrella fugaz y seré esa vela que se apaga después de pedir lo que más deseas. No voy a reclamarte nada, excepto que no seas mío. Me voy con la cabeza bien alta, de eso no cabe duda, pero de poco me vale marchar así si tengo el corazón por el suelo con el resto de tus huellas. A día de hoy no podría quererte nada que no te haya querido ya. Esperarte siempre se me dio bastante mal, pero a ti, pedirme que lo hiciera se te daba de puta madre, lo cual, había un equilibrio lo suficientemente estable para que yo siguiera ahí, esperando algo que en el fondo, sabía que nunca llegaría. He de decirte, que para mi ha sido todo un placer haber coincidido con tantas sonrisas tuyas en la cama, para ti el placer es no haber coincidido con ni una sola lágrima mía. Te voy a echar de menos sin querer, queriéndote. Soy lo suficientemente fuerte para no volver a hablarte, pero también soy lo suficientemente débil para aprender a olvidarte. Olvidarte de hecho me suena a risa, a broma, a comedia; de terror. Lo siento si me confundí al darte lo que más querías, creí que era yo, por eso me regalé ante ti. No te ofendas, pero te mereces a otra persona que no sea yo. Te mereces a alguien que no te quiera lo suficiente. Te recordaré según el tiempo que tarde en dejar de quererte al 100%. Por tanto, por desgracia supongo, casi siempre estaré recordándote.
 
 

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